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Correspondencia inteletual: cómo brillar en las tertulias literarias y no morir en el intento


Reseña escrita por José-Miguel Vila



La iniciativa es original y no te extrañes de que muy pronto se vea trasladada a la pequeña o la gran pantalla, a los escenarios y hasta a las cátedras de lengua y literatura comparada de universidades nacionales y extranjeras. Como si de un duelo a muerte ‘inteletual’ y dialéctico se tratase, Enrique Gallud Jardiel y Roberto Vivero se enzarzan en un tira y afloja de verdadera ‘Correspondencia inteletual’ (sin ‘c’, que tampoco hace falta para nada). En algo más de 200 cartas cruzadas, que caben en poco más de 200 páginas, Ápeiron Ediciones acaba de publicar esa delirante, sorprendente, divertidísima, epatante y lúcida lucha escrita entre estos dos próceres de la palabra, del pensamiento, de la parodia, de la chanza, la desvergüenza y el despiporre.

No exagero un ápice si digo que aquí, y de verdad, se puede seguir el aprovechadísimo cursillo de Introducción a la ‘inteletualidad’, y por correspondencia, como se hacían —años ha de eso—, los famosos cursillos CCC (una especie de UNED para pobres, pueblerinos e incultos aspirantes al saber), para acabar siendo un verdadero ‘inteletual’. Esos brillantísimos cruces de misivas las tienen entre sí dos eximios escritores, escribidores o funambulistas de la palabra y del lenguaje de nuestros días. Son 205 cartas, de diversa extensión, pero de idéntica agudeza, ingenio, inteligencia, malicia, socarronería, lucidez, destreza, intuición, humorismo, comicidad, simpatía, jolgorio y placer. Aunque tampoco faltan en ellas la burla, la befa, la mofa, el chasco, la guasa, la chanza, la chufla, la zumba, la pulla ni la broma. En fin, un mosaico de risas y sonrisas, de sorpresas y destrezas oratorias que aparecerían como imposibles e inopinadas si no fuera porque tras ellas están los eximios nombres de Gallud y Vivero, y que a buen seguro van a hacer las delicias de todo aquel que se arriesgue a acabar siendo un intelectual de tomo y lomo, o que sea un objetivo que busque denodadamente desde su más tierna infancia.




Se atreve Gallud Jardiel a dirigirse a Vivero desde la cárcel de Soto del Real, su domicilio habitual, y preguntarle por el camino que hay que seguir para alcanzar la gloria literaria: “Lo de ser intelectual de pleno derecho no es broma: me lo tomo muy en serio. Ya de pequeñito, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, yo decía: «¡Inteletual!». Y hasta me compré una trenka y una barba postiza (le estoy hablando de los años sesenta)”. Y a tan loable pretensión, Vivero le lanza —suponemos que como fórmula sibilina de atisbar hasta dónde puede llegar el aspirante— a esa primera carta, y responde con una batería de preguntas de idéntico alcance y profundidad: “¡Hombre, Enrique! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo está tu mujer? ¿Y tu amante? ¿Y qué tal tus nueve hijas, ya han hecho la mili? Por cierto, ¿quién demonios es usted? ¿Quién le ha dado mi dirección? ¿Quién inventó la bicicleta?”.


Vivero no se anda por las ramas y, desde las primeras líneas de sus cartas, confiesa a su compañero de aventuras ‘inteletuales’, Don Enrique, que “me lío los cigarrillos con páginas de libros. (Este mes me estoy fumando los suyos, aunque son tan infumables que tengo que mezclarlos con hojas de la Divina Comedia, que al ser todavía más infumable hace que sus textos sepan a gloria bendita, amén)”.


Y recorriendo afluentes y subafluentes del espíritu de la cultura universal y del intelecto, Gallud atendiendo a las insinuaciones de Vivero, hace sus primeros ejercicios de intertextualidad: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, de cuyo nombre no quiero acordarme, una mañana de mayo cogió su caballo, que era un hipogrifo violento que corría parejas con el viento, y se fue a pasear y a dar agua a su caballo a las orillas de mar. Y dijo: “Olas gigantes que os rompéis bramando en las playas desiertas y remotas, ¡ola, ola, ola, no vengas sola!; ¡ola, ola, ola, ven con mi amor!”, porque hay algo divino en nuestra vida que es verdad y es eterno, y que no puede acabar cuando la farsa acaba». En las misivas de ambos no se deja títere con cabeza. Eximios autores (Cervantes, Calderón, Góngora, Quevedo, Gómez de la Serna u Ortega y Gasset…), cineastas (Kubrick, Ford, Renoir, Kurosawa, Krarner, Lubitsch, Lean, Capra, Wilder…) pintores, filósofos, poetas, dramaturgos, novelistas o ensayistas de esta y épocas pasadas no se salvan de las horcas caudinas y tienen que atravesar el juicio crítico de los dos brillantes analistas.


Si crees que exagero un poco, aquí van algunos de los más altos tratados filosóficos analizados y cuyas consecuencias en el ser humano quedan también apuntadas con tanto rigor como chufla: La República, de Platón; Summa logicae, de Guillermo de Ockham; La monadología de Leibniz; Metafísica de las costumbres, de Kant; Tratado del conocimiento humano, de Berkeley; Fenomenología del espíritu, de Hegel; El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer; La genealogía de la moral, de Nietzsche; Curso de filosofía positiva de Comte; La náusea, de Sartre, o Ser y tiempo, de Heidegger. Pero también descienden a temas más prosaicos (y poéticos, claro), como la creación de un opúsculo titulado Entienda a Góngora en quince días, dan las claves para construir sonetos o clarifican que es eso de los encabalgamientos.


Y entre los dos autores se riza el rizo, se llega a lo más hondo de la dialéctica, de la oratoria, del análisis profundo y retórico del otro y en el otro. Mira, por ejemplo, como contesta Vivero a Gallud en una de sus misivas: “Me he quedado en choc al leer su ultramoderna reseña. Versos como lo leyeron hasta los a- / nalfibetos funcionales o ¿Fueron técnicas de marke- /ting las que nos condujeron quedarán grabados a fuego (o microondas) en mi conciencia poética como sutiles —y no por eso menos elocuentes— destellos de una voluntad rupturista en búsqueda (y captura) de inestables y desestabilizadores medios para expresar que nuestra existencia se parte y trunca cuando y donde menos lo esperas, haciendo, así, de la esperanza un vano ejercicio desiderativo para que todo en la vida rime. A veces pienso (pero sólo a veces y cuando me despisto) que usted no necesita un guía intelectual, sino un hermeneuta que desentrañe los enigmas de su verbo (-rrea)”.


Escritura divertidísima, inteligente y más que atractiva que, además de divertir, forma e informa al lector que, como ellos, quiera adentrarse en ese camino de lo ‘inteletual’, aventura que, no lo olvidemos, sólo está al alcance de unos pocos privilegiados.


Prueba a ver si lo consigues y no mueres de risa en el intento.

‘Correspondencia inteletual’

Autores: Enrique Gallud Jardiel y Roberto Vivero

Ápeiron Ediciones

Género: Literatura y Novela

ISBN:9788412699203

Nº Páginas:204

Encuadernación: Tapa blanda

Año: 2023

Precio recomendado: 16€



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