Enrique Gallud Jardiel: «Un liante entre los clásicos»,
Ápeiron Ediciones, Madrid, 2025, 172 págs.
Reseña escrita por Francisco Hermoso de Mendoza
Es muy posible que para cuando haya acabado de escribir estas palabras Gallud haya publicado otro libro (en Ápeiron, como es el caso, o en cualquier otra editorial) y esta no sea por tanto su última publicación. Y van, creo, más de 368 libros publicados. Una barbaridad para cualquier mortal. Yo llevo escritos media docena y ya acuso fatiga crónica. Lo que me lleva a pensar que Gallud es un superhéroe de las letras, o un ser inmortal, o que tiene el Chat GPT de pago y escribe libros como churros. Cualquiera de las tres opciones me parece igual de increíble.
Ya llevo leídos unos cuantos libros de Enrique Gallud Jardiel, algunos escritos sólo por él, y otros a cuatro manos, o a dos cerebros, junto a Roberto Vivero, y podría decir que ya sé lo que voy a encontrarme antes de leer este libro, pero no lo digo, porque no sería cierto. Gallud me sorprende en cada libro y su imaginación, ese don con el que estamos bendecidos los humanos, unos más que otros, parece un filón inagotable.
Aquí Gallud tiene la brillante idea de colarse como un personaje más en libros por todos conocidos, que no sé si leídos y cambiar los finales de las novelas, y de cantarles, de paso, las cuarenta a algún personaje, como a Robinson Crusoe. En mi caso, recién vi Frankenstein de Guillermo del Toro y Guillermo Tell y tengo más o menos frescas las lecturas de Crimen y Castigo, El Quijote o La Ilíada. De otras apenas recuerdo nada como En el nombre de la rosa. De Cyrano me vienen ecos de la canción de Guccini, y la novela de Rostand, etc.

Información sobre la obra y compra del libro:
Lo interesante es apreciar cómo cada historia, cada liada de Gallud, tiene su aquel. La manera en la que el autor recrea cada época, con un lenguaje muy ajustado y sugerente. Pero lo que supone un plus, que va más allá de dicha ambientación, tan bien resuelta, es cuando entra en escena la desbordante imaginación, a lomos del humor, que fluye como el magma, en el interesante contraste y constante interacción entre el pasado y el presente, y el diálogo que surge entre ellos. Las liadas de este liante alcanzan cotas inimaginables precisamente en La Ilíada. Ahí Gallud pone toda la carne en el asador, e incluso perpetra la primera huelga de armas caídas que registra la historia (el «desescalar» de ahorita mismo) y el texto resulta tronchante. De hecho, ya he pedido cita con el maxilofacial, porque a resultas de la presente lectura, tengo las almohadillas de la cajilla deshilachadas.
He leído el libro en pdf y no me costaría nada hacer un copia y pega de los párrafos con los que me he carcajeado, pero serviría de poco, pues lo que se disfruta aquí es la historia completa, de cabo a rabo. Y además, creo que el texto resultante tendría casi las mismas páginas que el original. En todo caso también es un homenaje a los grandes títulos de la literatura universal. Y quizás la excusa perfecta para leerlos.
Y para una reseña con enjundia, les recomiendo la pergeñada por Manuel Fernández Labrada en su insoslayable blog literario Saltus Altus.
Enrique Gallud Jardiel (Valencia, 1958) pertenece a una familia de artistas y escritores. Actualmente se dedica a la literatura cómica, a la sátira y a la parodia. Es autor de más de trescientos libros, entre ellos La ajetreada vida de un maestro del humor, Libro de libros: Mil curiosidades sobre el más fascinante de los mundos, Historia estúpida de la literatura, Español para andar por casa, El discurso interminable y otros cuentos de humor, Grandes pelmazos de las letras universales, Libros que no querrás leer, Majaderos ilustres, El arte de hacer de todo, Escritores en pijama e Historia para reír. En Ápeiron Ediciones ha publicado, entre otros libros, Séneca, Quevedo y otros plastas por el estilo, Historia cómica de la filosofía, Historia cómica de la ciencia, Historia cómica de la psicología, Historia cómica de la política, El libro incompleto de los locos, Refritos teatrales, Estornudos de Talía, Cinematorripios e Idiotextos y ha sido el responsable de la edición de Blanca por fuera y Rosa por dentro y Textos perdidos y encontrados de Enrique Jardiel Poncela.
Carl Sternheim: «El esmob»,
Ápeiron Ediciones, Madrid, 2025, 70 págs.
Reseña escrita por Francisco Hermoso de Mendoza
Hay textos que a pesar de su corta extensión (60 páginas) resultan muy cundidos. Así sucede con El Esnob de Carl Sternheim (1878-1942). Obra teatral en tres actos, publicada en Ápeiron Ediciones, traducida por Roberto Vivero.
En aquella época, la época Guillermina, a comienzos del siglo XX, sin el ascensor social de los estudios, será el vivo ingenio y otras artes ocultas las que propicien que Christian, de humilde origen (el padre, Theobald, fue un funcionario subalterno y la madre, Luise, la hija de un sastre), logre llegar a lo más alto, y alcanzar el cénit laboral, con tan solo 36 años, hasta convertirse en el director general de un grupo económico que maneja una quinta parte de toda la riqueza nacional. Eran esos años del imperialismo y el colonialismo, tras la Conferencia de Berlín. Aquí se hablan de las minas africanas, en aquellos territorios que Alemania compró en África.
Porque la falta de nobleza, la sine nobilitate latina, lo que hoy dio en denominarse esnob, es nada menos que el traje a medida del protagonista de la obra: el joven Christian. Su objetivo lo lleva madurando largo tiempo. Y es formar parte de la nobleza, ostentar un título. Ser bien acogido en ese estamento tan cerrado y escasamente permeable. Para ello quiere borrar a su familia del mapa, que es tanto como borrar sus orígenes, para erigirse, pensemos en una especie de creatio ex nihilo. De cara a la galería los dará por muertos. En la intimidad del hogar les extenderá un cheque por los gastos derivados de su manutención, hasta ser manumitido y les invitará a quitarse del medio e irse a vivir a Zúrich, porque Christian sabrá mucho de números, pero muy poco de sentimientos. Antes romperá los lazos familiares (aunque tendrá la ocasión de reconciliarse con su padre. O su padre con él) y filiales, como sucede con Sybill, la única amiga capaz de obligarle a escuchar unas cuantas verdades.

El facilitador será el Conde Aloysius Palen. Él será la puerta de acceso de Christian a ese mundo que tanto anhela. Para ello, la hija de Palen, Marianne, será una pieza más en el tablero. Algo asumido por ella, así dirá que con el enlace ya no se pertenece a sí misma, que es el destino de las muchachas. Se casará sin dote. El dinero lo pondrá Christian. Pues Palen tiene titulo nobiliario pero no dinero, al contrario que Christian. De la necesidad, no harán virtud, sino negocio.
La historia que se desarrolla con gran dinamismo, sin dar tregua al lector, concluye con un golpe de efecto sorprendente. Si durante todo este tiempo Christian es un esnob, veremos que a veces las cosas no son como nos las pintan (el detonante será un cuadro de Renoir, retratando a Luise) y a veces uno acaba ocupando el lugar que cree merecer, no solo por méritos propios, sino también por la cuna.
Carl Sternheim (1878-1942) fue un escritor alemán, autor de numerosas obras de teatro (entre las que destaca el ciclo Aus dem bürgerlichen Heldenleben, al que pertenece la presente obra) y narraciones (como Napoleon, Busekow y Schuhlin), así como de la novela Europa, las memorias Vorkriegseuropa im Gleichnis meines Lebens y diversos artículos (como, p. ej., el importante «Kampf der Metapher»). Limitarse a decir que Sternheim reflejó, especialmente en su teatro, la mentalidad de la época Guillermina es quedarse en la superficie –tanto desde el punto de vista histórico como, sobre todo, literario– de la obra de un hombre al que se le puede considerar una auténtica «fuerza del lenguaje» ya que no solo creó con lenguaje, sino que creó lenguaje.
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