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«Correspondencia 1952-1967»,

Ápeiron Ediciones, Madrid, 2026, 166 págs.

Edición de Mathias Flatscher

Traducción de Roberto Vivero



Reseña escrita por Francisco Hermoso de Mendoza

Texto publicado en Devaneos


Los días 4 y 5 de octubre de 1952 se celebraron actos conmemorativos en honor del poeta Georg Trakl en Bühlerhöhe, balneario y sanatorio próximo a Baden-Baden y dirigido por Gerhard Stroomann, un lugar en el que desde 1949 se organizaron ciclos de conferencias […] en los que Heidegger participó como ponente en varias ocasiones. Así se conocieron Ludwig von Ficker y Martin Heidegger.


La relación fue tanto epistolar como en persona. En total el libro recoge 60 misivas intercambiadas entre ellos (seis son borradores de Ficker) entre 1952 y 1967. Ficker dirigió 35 cartas a Heidegger y recibió alguna menos del filósofo. En ellas Ficker se dirige a Heidegger como profesor (si bien Ficker no se ciñe tanto al rol del alumno como al de de un interlocutor válido) y no deja de sorprenderse, a pesar de su avanzada edad (Ficker cuenta con 72 años, por 63 de Heidegger) de que alguien de la talla intelectual de Heidegger haya reparado en él, habida cuenta el escaso empeño de Ficker por llamar la atención, a pesar de la notoriedad derivada de su labor como editor en la prestigiosa revista Der Brenner. Y si algo es un constante en las cartas, además de la presencia constante de Trakl, sobre la cual se construyó la relación de ambos, es el agradecimiento, quizás porque como afirma Heidegger en una de las cartas, ¿Qué significa pensar? ¿Significa traer el agradecimiento?


En las cartas se va dando cuenta de los efectos posteriores a los encuentros en persona. Asimismo Heidegger pone al día a Ficker de sus escritos, conferencias, y obra intelectual y le va remitiendo algunos de sus textos o conferencias impresas, como El camino al habla.Me chocó la corta extensión de algunas de las misivas. El misterio quedó aclarado en el apartado Comentario a la correspondencia, porque las cartas, en algunos casos no eran tales, sino postales.


Ficker, en las postrimerías de la correspondencia, deja constancia de su deterioro físico, y los continuos achaques que le incapacitan para contestar por escrito, algo de lo cual luego se lamenta, dejando amplios espacios temporales en la correspondencia.



Información sobre la obra y compra del libro:


Creo que la correspondencia es una posibilidad de la escritura íntima, que ilumina otras caras de la naturaleza humana. Así Heidegger se muestra amable, humilde, cariñoso, comprensivo y leal. Ficker se acomoda en la figura del adulador. Una adulación que es consecuencia de la mucha admiración que siente hacia el filósofo, en gran medida por la manera en la que Heidegger fue capaz de abordar la obra de Trakl, a la que Heidegger llegará cuatro décadas después del fallecimiento del joven poeta.


Después de la correspondencia hay un texto precioso y desgarrador de Ficker, La despedida, que nos permite entender mejor la relación entre Ficker y Trakl. Ficker había sido el mecenas del poeta y había gestionado el dinero del que Wittgenstein le hizo entrega para que lo repartiese a su buen criterio. En el texto se pone de manifiesto los efectos devastadores de la guerra para Trakl, durante la Primera Guerra Mundial y todos los horrores que sufrió en el frente de batalla. Trakl murió a los 27 años (1887-1914). E incorpora algunos poemas de Trakl como Lamento, Grodek o Humano duelo.

Presente está también el discurso de agradecimiento de Ficker al recibir en 1960, en su 80 cumpleaños, por parte de la Universidad Libre de Berlín, el título de doctor honoris causa en filosofía. El discurso de Ficker se cierra con las posteriores palabras de Heidegger hacia Ficker: una breve alocución en la que considera a este un fundador.


En el comentario a una de las cartas, Heidegger le informa a la hija de Ficker de que acudirá al evento, en su deseo de Mostrar a la generación actual qué fuerzas creativas despertaron e influyeron en las dos primeras décadas de nuestro siglo.


A Ficker, cuando conoce a Heidegger, el pasado de este le preocupa poco. En 1936 Heidegger había roto con el NSDAP, y consideraba el nacionalsocialismo una ideología impropia, si bien en los años previos había pedido el voto para Hitler y en abril de 1933 fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo, aupado por los nacionasocialistas; cargo al que renunció en 1934. Los Cuadernos negros de Heidegger permitirán hacernos una idea de su vinculación con las ideas del nazismo. Si fue un desliz, algo episódico, o bien, si por el contrario, fue algo consustancial a su pensamiento filosófico.


El libro se cierra con notas a la correspondencia y contiene también algunas ilustraciones o fotos, como la de la tumba, o la de un busto de Trakl.


Martin Heidegger (1889-1976) se doctoró en filosofía en la Universidad de Friburgo, donde en 1919 trabajó como asistente de Edmund Husserl. En 1927, durante su estancia como profesor en Marburgo, se publicó Ser y tiempo. En 1929 inició su trabajo como profesor en la Universidad de Friburgo. En mayo de 1933 se afilió al NSDAP y fue nombrado rector de dicha Universidad, cargo al que renunciará al año siguiente. Entre 1946 y 1948 se le prohibió ejercer la enseñanza. Desde ese momento y hasta su fallecimiento aparecieron, entre otros textos, De camino al habla, Nietzsche y la conferencia «Tiempo y Ser». En 1975 comienza la publicación de su obra completa.


Ludwig von Ficker (1880–1967). Escritor y editor austríaco. En 1910 fundó la revista Der Brenner, donde desde un punto de vista filosófico tuvieron especial protagonismo Carl Dallago, Theodor Haecker y Ferdinand Ebner, y desde el punto de vista literario cabe destacar la publicación de textos de Paula Schlier, Hildegard Jone y, sobre todo, Georg Trakl. Mantuvo correspondencia, entre otros, con Karl Kraus, Martin Heidegger, Theodor Adorno, Ludwig Wittgenstein, Hermann Hesse, Thomas Mann, Else Lasker-Schüler, Thomas Bernhard, Ingeborg Bachmann y Paul Celan.

Actualizado: 2 ago


«De camino a Maynooth»,

Ápeiron Ediciones, Madrid, 2026, 194 págs.

Prólogo y traducción de Alba Ramírez Guijarro



Reseña escrita por Manuel Fernández Labrada

Texto publicado en Zenda


La traducción a nuestra lengua de un autor inédito siempre es una buena noticia, y más aún cuando su interés literario resulta incuestionable. Es el caso de William Carleton (1794-1869), un escritor irlandés desconocido hasta la fecha en nuestras latitudes. De camino a Maynooth (Ápeiron Ediciones, 2026) es una divertidísima sátira protagonizada por un joven campesino irlandés que aspira a convertirse en sacerdote católico. Extraído de Traits and Stories of the Irish Peasantry (1830-1834), el relato nos revela una faceta muy particular de la mirada que Carleton extiende sobre el campesinado de su país natal. El propósito de esta punzante narración no parece ser otro que el de poner de manifiesto la exagerada y poco fundamentada admiración que el pueblo irlandés tributa a la figura del sacerdote católico: una devoción que, según Carleton, solo puede explicarse por la ingenuidad e ignorancia de las clases populares. El innegable anticatolicismo que respira el texto (su autor terminó abrazando el protestantismo) es oportuno relacionarlo con la promulgación, unos años antes, de la Ley de Emancipación Católica (1829): culminación de un proceso legal que ponía fin a la discriminación política que sufrían los católicos irlandeses, y al que el propio Carleton se opuso. Recibido con alborozo ―muy probablemente― en los medios protestantes ingleses, De camino a Maynooth constituye un valioso testimonio de su momento histórico, como también un ingenioso e hilarante texto satírico donde el humor suaviza cualquier posible arista crítica.


De camino a Maynooth (1834) tiene como principal protagonista al hijo primogénito de un campesino irlandés acomodado, Denis O’Shaughnessy, llamado a convertirse en sacerdote tras su anhelado ingreso en el afamado seminario católico de Maynooth. Toda la narración gira en torno a la desmesurada admiración y grandes expectativas que su proyecto despierta en su medio familiar y local.A fin de dar adecuado sustento a su sátira, el autor no ahorra al joven aspirante ninguno de los defectos morales que, en principio, deberían contradecir su vocación. El más llamativo de todos ―tal vez el menos grave― es el de su extremada pedantería, que pone de manifiesto a cada momento, tanto en las peregrinas disputas que entabla con familiares y paisanos como en sus gratuitos y grotescos discursos, entreverados de citas latinas farragosas o inoportunas. Su declarado dominio del griego y de la «sintaxis inglesa» es otra de las armas con las que apabulla fácilmente a sus ingenuos paisanos. La simplicidad de los campesinos constituye la caja de resonancia que incrementa la comicidad de los parlamentos del joven Denis, que no teme explayarse ante un auditorio deslumbrado por los argumentos y fuegos oratorios más descabellados. Su mismo padre no conoce mayor gozo que el de verse vapuleado dialécticamente en las discusiones que mantiene con él sobre los asuntos más ridículos y triviales.




Información sobre la obra y compra del libro:


Pero el rasgo más negativo del joven Denis es, sin duda, su injustificado y extremado orgullo. El simple hecho de que se proponga ingresar en el seminario de Maynooth (Carleton también estudió en él, aunque lo abandonaría sin ordenarse) le confiere un halo de indiscutible autoridad sobre sus paisanos; y sin haber sido aún admitido reclama ya a familiares y conocidos que le traten de «señor» y sustituyan su apelativo coloquial (Dinny) por el de Dionnisis. Otro defecto notable del joven es su hipocresía. Aunque no teme proferir los mayores disparates ante un auditorio de campesinos ignorantes, modera mucho sus discursos cuando lo escuchan personas más formadas. Todos estos rasgos desfavorables de su personalidad, puestos en evidencia numerosas veces a lo largo de la narración, aparecen hábilmente orquestados en el capítulo correspondiente a la celebración familiar previa a su entrevista con el obispo (que deberá dar su beneplácito al ingreso de Denis en el seminario). Bajo el influjo de copiosas libaciones de poitín (un licor ilegal de malta de altísima graduación), el joven se recrea en la imagen de opulencia que ofrecerá cuando sea sacerdote, así como en su futura vida regalada o en las honras que recibirá de los campesinos acomodados durante sus visitas pastorales, bodas y bautizos.


Como cabía esperar, Carleton no se contenta con satirizar a un joven aspirante a seminarista. También extiende sus burlas a la figura del sacerdote local, el padre Finnerty, que ha sido sobornado por la familia de Denis, mediante la entrega de un potro, para que influya favorablemente sobre la decisión del obispo. Las hechuras de este clérigo tan amigo del buen vivir (modelo evidente del joven aspirante) se ponen cómicamente de manifiesto durante el almuerzo festivo que le ofrecen los padres de Denis mientras tiene lugar la decisiva entrevista con el obispo. y en el que se nos brinda la poco edificante caricatura de un sacerdote obsesionado por la comida y la bebida. Más pendiente de los progresos de la carne que se está asando en la cocina que de otra cosa, Finnerty trasluce su marrullería en las ambiguas alabanzas que tributa mientras tanto al talento del ausente Denis, que modula en un tono irónico y con un vocabulario tan rebuscado que los sencillos campesinos que lo escuchan las juzgan sinceras. También resulta muy ingenioso y divertido el disparatado discurso, trufado de latinajos sin pies ni cabeza, cómicas amenazas y disparates incomprensibles con los que Finnerty logra que el hermano de Denis le ceda su puesto junto al fuego. Estos discursos del sacerdote veterano, junto con los de su discípulo Denis, son comparables a los estrambóticos sermones que el padre Isla ponía en boca de fray Gerundio de Campazas (un personaje de ficción que, por otra parte, guarda ciertas similitudes con Denis).


Una escena de gran atractivo y significado en la novela es la que narra la despedida del joven Denis de su prometida en la víspera de su partida al seminario. Es un bellísimo capítulo donde impera la descripción de una naturaleza idealizada que ya no es propiamente campesina, sino bucólica; del mismo modo que los sentimientos sinceros y las escogidas palabras que intercambian los dos jóvenes parecen más propios de una novela romántica que de una sátira. La nota etnográfica del autor corre ahora a cuenta de la fortaleza de las promesas matrimoniales en la sociedad irlandesa, que exige una renuncia formal expresa al compromiso. La sensibilidad que la joven Susan muestra por el escenario natural del encuentro, la elegante sencillez de su atuendo y su exquisita compostura ante la dolorosa ruptura trazan una pintura que contrasta fuertemente con las grotescas escenas que la novela nos ha ofrecido en abundancia. Todo este largo capitulo supone una verdadera «pirueta» en la narración, que transita sin aparente modulación de la sátira más desmelenada a un poético idilio entre dos enamorados. Su función, sin embargo, es tan evidente como necesaria: sembrar las semillas del desenlace final. Es decir, anuncia al lector que la venda que ciega al protagonista está pronta a caer: «Nuestro héroe olvidó entonces su saber; dejó a un lado los polisílabos y abandonó por completo su pedantería. Su orgullo desapareció y el pequeño boato de su carácter artificioso cayó de él como una vestidura innecesaria que oprime a quien la lleva». La inesperada aparición del padre de Susan, dispuesto a moler a garrotazos al joven Denis, recupera finalmente el tono rústico y humorístico.


La edición que nos ofrece Ápeiron Ediciones de este valioso texto inédito se enriquece con un iluminador prólogo escrito por su traductora, Alba Ramírez Guijarro, que nos desvela las principales claves interpretativas del libro, así como algunos datos significativos de la vida de William Carleton, que incorporó en su novela un importante contenido autobiográfico. También subraya Alba Ramírez Guijarro las particularidades lingüísticas del texto, escrito en un inglés trufado de voces y expresiones dialectales, argot rural o incluso léxico irlandés. Si a todo esto sumamos las abundantes frases en latín (clásicas o litúrgicas), las expresiones disparatadas y los variados niveles de habla de sus personajes, no cabe dudar, desde luego, de la considerable dificultad que entrañaba verter el texto a nuestra lengua sin sacrificar su gran riqueza verbal. Un objetivo que ha sido amplia y felizmente cumplido en esta magnífica traducción, que incorpora además algunas cómicas ilustraciones de la edición de 1854.


Autor de la reseña: Manuel Fernández Labrada es doctor en Filología Hispánica. Ha colaborado con la Universidad de Granada en la publicación del Teatro Completo de Mira de Amescua, del que ha editado tres comedias y dos autos religiosos. Es autor también de diversos trabajos de investigación sobre literatura española del Siglo de Oro; entre ellos, el libro Hernando de Acuña: Italianismo y tradición en un poeta del Renacimiento español (UNED). Dispone de una página en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Sus últimos libros de ficción publicados son Ciervos en África (Trea, 2018), Al brillar un relámpago escribimos (Trea, 2022), Presto delirando (Ápeiron Ediciones, 2024), Gradus ad Parnassum (Ápeiron Ediciones, 2025) y Razón de música (Ápeiron Ediciones, 2026). También escribe en su blog de literatura, Saltus Altus.


Autor del libro: William Carleton (Prillisk, condado de Tyrone, 1794–Dublín, 1869) narró a través de sus novelas y cuentos la vida cotidiana del campesinado en la Irlanda del siglo XIX. Hijo menor de una familia católica de pequeños agricultores, su vida en el campo inspiró muchas de sus obras literarias. Trabajó como maestro rural, fue periodista y colaboró con revistas de Dublín (como Christian Examiner y Dublin University Magazine). Alcanzó la fama con Traits and Stories of the Irish Peasantry (1830–1833), una antología de escritos que lo consagró como uno de los autores fundamentales de la literatura irlandesa. De camino a Maynooth, que Ápeiron Ediciones publica por primera vez en español, forma parte de esos escritos. Esta obra ofrece una mirada cercana, lúcida y llena de humor.

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